EDUARDO CAMACHO - PERDER EL TIEMPO

 

 

 

 

AQUÍ  LEJOS

 

----LA tarde plomiza,
propensa, propicia,
deposita su manta gris sobre los incipientes
retoños de marzo, y la nostalgia,
aguda y suave, pérfida y mimosa,
ha venido,
vestida, como siempre, de melancolía:
ah, tardes de la sabana como ésta,
de eucaliptus y alisos y vacas impasibles;
seres queridos que viven sin mí, allá,
lejos, en las laderas de suave kikuyo, hoy
un país sangrante, ayer la juventud,
aquello que he perdido.
Duele desde aquí, desde lejos,
duele cerca, muy cerca, muy dentro.
Musita su adiós el país del ayer,
cielos azules, calor de amigos y de patria, hoy
olores de ceniza, lejanía.
País mío: aunque quieras
hacerte extraño a mí, ajeno,
me parió tu trágica belleza.
Desde mis confusiones, hoy vuelvo a ti;
jamás podré alejarme de tu mano rugosa,
de tu aire sobre el que sólo queda el cielo,
de la tibia brisa de tus mares,
de aquella luz que ardía
en la ventana de mi casa
entre el ladrido jubiloso de los perros
y el final estornudo del caballo.

País mío: no quiero morir
sin morir entre la riqueza de tu aroma,
sin temblar en el temblor de aquel abrazo.
Con el cabello ceniciento vuelvo
al azote de aquel viento, allá,
lejos, en la colina de la infancia,
hoy extraña y sin embargo tierra mía
con toda su ceniza.